INICIO GALERIA FAQ CONTACTO



EL ALIVIO DEL AIRE

Adolfo Bloy escribió hace muchos años un ensayo acerca de la escultura y
se refirió también a los que escriben acerca de las esculturas. Según Bloy,
todavía esta por hacerse la verdadera critica sobre las artes escultóricas,
porque los ensayistas se dedican exclusivamente a hablar, con buena o
regular suerte, de tal o cual forma que el escultor ha creado; pero a ninguno
se le ha ocurrido pensar en la nueva forma, la nueva disposición, la
recolocación que experimenta el universo cuando el hombre invade el aire y
el espacio con la Victoria de Samotracia, el Moisés de Miguel Ángel, el Beso
de Rodin, el Monumento a la Revolución, o el busto de Colosio. Comparto
con Bloy la opinión de que el universo no se queda impávido. En algunos
casos, el ritmo entero del cosmos se dulcifica y se acompasa; en otros,
pierde armonía y el aire entero se irrita. Me parece magnífico este vislumbre
de Bloy que nos hace entender al universo como una inmensa sinfonía que
es a la vez escultura y obra arquitectónica.

En ella los hombres, los fugaces hombres, colaboramos con briznas de
belleza o tropezones de fealdad. Dicho de otro modo: todo escultor
esta labrando en el aire.
Resulta que yo tengo un amigo que se llama Alfonso Castro Rivas. Es
un impecable pediatra que quizá por trabajar con esa materia viva y
plástica que es un recién nacido, dio en la loca idea de repartir su
tiempo entre el cuidado de los niños, el amor por su esposa y la
escultura. Las tres son tareas manuales pues quien acaricia a una
mujer con el debido cuidado y miramiento la rehace y la eterniza en
algún nocturno instante.
Todo esto, según veo, desemboca en la escultura.
Seria una ofensa para todos intentar decir que la obra de Alfonso es
aceptable porque se trata de un aficionado.
Pretendo no incurrir en tamaña tontería. Lo quiero y lo respeto lo
suficiente como para no tomar en serio sus tareas y sus misterios
gozos. Yo creo que Alfonso Castro Rivas es un escultor digno de
consideración que, a veces, condesciende a las facilidades de la
escultura religiosa que, según una antigua superstición mexicana, tiene
que ser necesariamente hermosa. Falso. La mayoría de las veces se
acerca riesgosamente a la repostería y, a nombre de la espiritualidad,
crea unos escorzos, unos góticos tardíos y unos barrocos interruptus

 

 

 

 


En espera de la mística dispensa que me permita merecer la dicha de ser un
contemplador apto de la escultura religiosa y espiritual de Alfonso, en mi
actual reencarnación declaro que el territorio mas admirable y feliz de Alfonso
es la escultura erótica. Hacer la distinción entre erotismo y genitalidad es casi
una ofensa para el lector inteligente, pero estos tiempos post-modernos
vienen muy mezclados y a mí me entusiasma la claridad. Yo de lo que quiero
hablar es de la intensa y sonriente vida que Alfonso le comunica a un
hombro, a una mano, a un ombligo, a una espalda, a unas nalgas, a un
pubis, a un cuerpo de mujer. Aquí si el aire se transforma y puede comenzar
el vals de los planetas. Sor Juana confiesa que ha escrito "obras de
compromiso" (inocuas la mayoría) y obras propias (encendidas e intensas).
Algo asi parece suceder con Alfonso que, como buen mexicano, paga
diezmos y primicias a la iglesia, pero se reserve para mas íntimos espacios
sus hondas verdades, su voluntad de imponerle suaves y acariciables
curvaturas a todo cuanto toca.
Como en el caso de Brancussi, Alfonso Casto Rivas, en sus momentos de
creación mas veraces y logrados, hace esculturas para ser vistas y para ser
tocadas. La vista entiende, pero el tacto siente y podría darse el caso de que
sentir sea el mejor modo de entender. De esto las mujeres saben más.

Ahora la obra de mi entrañable patopediatra se expone en todos los
sentidos de la palabra. A ti, desconocido espectador, te agradezco la
paciencia de haber leído estos renglones y te aviso que realmente no
sirven para nada. Se trata de una sosegada declaración de admirado
amor por un amigo. Mi opinión sobre su obra, estoy seguro, cambiara
conforme ésta crezca; pero a demás tu estas invitado a formar (a
esculpir) tu propia opinión.
Yo no soy autoridad, ni me dedico al terrorismo verbal. Cada quien su
propio goce. Si no es mucho pedir, te suplico que estés muy atento
frente a cada obra que contemples y que te esmeres en detectar que
ocurre con el aire cuando tu mirada se apropie de cada una de ellas. Si
de pronto y como dice Dario, percibes un aire suave de pausados
giros, tendrás que aceptar que el cuerpo del mundo, el aire que nos
rodea y la coreografía del universo se han puesto en marcha. Que asi
sea.

Germán Dehesa
San Ángel, octubre del año dos mil.

 

Ir a Galería